San Lorenzo y Central brindaron un lindo espectáculo y ambos quedaron punteros

Se ofrece San Lorenzo. Se brinda por el espectáculo. Se dispara en ataque con buen trato de pelota de parte de sus volantes. Hace escalar a sus laterales, especialmente a Víctor Salazar por la derecha. Y si encuentra los caminos cerrados, gira, retrocede y vuelve a armar la jugada. Con Fernando Belluschi y Lucas Menossi como gestores. La tenencia, ante todo.

Se cobija en su pragmatismo Central. No arriesga ni siquiera en la salida. Saque largo del arquero y a buscar la segunda pelota. Es directo. Con dos o tres toques pisa el área del rival. Con Leonardo Gil partiendo desde el medio. Con Maximiliano Lovera encarando y Claudio Riaño pivoteando. El orden, ante todo.

Así se plantaron San Lorenzo y Rosario Central en el Nuevo Gasómetro. Cada uno aferrado a sus virtudes y condenados por sus defectos. Mereció otro resultado esa ambición azulgrana. Casi lo gana en el desenlace con una jugada a pura gambeta de Nahuel Barrios. Entre Jeremías Ledesma y el palo evitaron la caída del arco canalla.

Los rosarinos llegaron dos veces en los primeros veinte minutos mientras los santos marchaban por todo el frente de ataque tratando de desequilibrar. Y metieron dos goles. En la primera llegada a fondo, Riaño cabeceó al gol. Fue una jugada bárbara de Lovera que encontró mal pisado a Bruno Pittón, Ciro Rius metió el envío aéreo, la pelota sobró a Fabricio Coloccini y el delantero santafesino vulneró a Navarro. Después, Salazar bajó al propio Riaño en tres cuartos, la pelota corrió rápido para Emmanuel Brítez, el centro atrás cruzó toda el área y Rius clavó el derechazo cruzado.

Riaño grita bien fuerte su gol, acompañado por Zabala y Lovera. (Foto: Fotobaires).

Del «Sanloré, Sanloré, acá no ha pasado nada», el estadio pasó a gritar «movete, cuervo, movete, dejá de joder». Y Belluschi calmó a las fieras de la tribuna con un zurdazo quirúrgico. Fue después de un enganche de Salazar que jugó hacia adentro y un toque clarificador de Héctor Fértoli.

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